Una mañana en Bodega Vulcano Lanzarote

El otro día, el equipo de Wine Tours Lanzarote nos acercamos a visitar la Bodega Vulcano, una de las más jovencitas de Lanzarote (12 años recién cumplidos), pero cuya personalidad no es ni mucho menos la de un preadolescente sino, más bien, la de una elegante joven que pisa fuerte y segura de sí misma.

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Víctor y María José, los propietarios, nos recibieron de maravilla en la tienda BOUTIQUE (sí, sí, boutique! Pásate por allí y entenderás por qué se llama así), nos hicieron sentir como en casa y nos contaron su historia. Ahí va:

Víctor Díaz Figueroa es la quinta generación de viticultores de su familia por parte de padre, y la tercera por vía materna. Podría decirse que por sus venas, en vez de sangre, corre mosto de uva. Ya te he contado en otras ocasiones que muchos viticultores de Lanzarote suelen guardar una partida de la uva que venden para hacer vino en casa, y esta familia no iba a ser menos. Víctor se crió entre parras y escachando la uva con los pies en un antiguo lagar.

El sistema de venta de uva en la isla no siempre ha sido justo para los viticultores, así que se vieron ante dos opciones: o elaboraban su propio vino o abandonaban las parras.. Así que la familia Díaz, en enero 2009, se lió la manta a la cabeza y decidió ir a por todas con su propio vino. Ese fue el comienzo de VULCANO. Montar una bodega no es empresa fácil, aunque lo hicieron bastante rápido; en julio, casi coincidiendo con la entrada de la uva, tenían ya toda la maquinaria y empezaron a elaborar. Fueron poquitos litros al inicio, pero los vendieron bien y eso les animó a seguir con el proyecto. Hoy en día hacen 120.000 litros de vinazos para todos los gustos, a cuál mejor.

Lo que más me fascina de esta bodega es cómo han conseguido mantenerse fieles a la idea inicial de diferenciación, calidad y respeto por la tierra, pero innovando cada año. Por ejemplo, son los primeros de la isla en tener un BANCO DE MOSTO. La idea surgió por culpa del rosado, que es de los primeros que se elabora cada año (allá por septiembre suele estar listo). El rosado nos gusta beberlo joven y fresco, pero como en invierno no se consume tanto, cuando vuelve a llegar la época de calor a veces ha evolucionado demasiado, perdiendo esas notas de fresa y ese color tan intenso que nos encanta aquí. Pues a problemas, soluciones! Una vez tenemos el mosto, se elabora una parte para el consumo y el resto se mete en unos depósitos que lo mantienen entre 0 y -5º para que aguante una larga temporada conservando su frescura, de manera que puedes realizar varias fermentaciones a lo largo del año y el vino está siempre como nuevo. No sé a ti, a mí me parece una idea la mar de inteligente.

Es un invento costoso porque claro, mantener el congelador funcionando durante mucho tiempo no es nada económico; pero merece la pena. Créeme, me tomé ayer una botellita de rosado 2018 y está como si lo acabaran de hacer. ¡EXQUISITO!

Otra innovación de Vulcano es que toda su producción es VEGANA, con certificado incluido. Puede que estés pensando que cuál es la parte animal de la uva, pero chica, la cosa no va por ahí. La uva es vegetal, claro, pero al elaborar el vino quedan partículas que hay que filtrar y clarificar para que nos quede bien limpito y transparente. En ese proceso, a veces se usan productos que contienen huevo u otros derivados animales (hablaré sobre esto más profundamente en otra entrada, pero si tienes mucha curiosidad, escríbeme y te lo cuento todo). Esta bodega apuesta por el veganismo y tiene una máquina especial que separa las partículas sólidas que se encuentran en el vino, sin añadir ningún tipo de producto, ni vegetal, ni animal, ni nada. Y no es magia amiga, es CIENCIA.

Cuando empecé en esto del vino y hacía mis primeras visitas, siempre me encantaba comparar la elaboración del vino con cocinar. Por eso me encantó escuchar de boca de Víctor que una bodega es como una gran cocina: siempre tiene que estar impoluta. A menos que hagas una crianza oxidativa (tipo las bodegas de Jerez, que crían en solera) no debe haber olores en el ambiente. Según sus propias palabras, una bodega debe oler bien, pero no a volátiles (aromas propios del vino) porque si los percibes, significa que se están escapando de los depósitos. Y amiga, te aseguro que en esta bodega no se escapa nada: cada sorbo es un gustazo y una explosión de frescura y sensaciones.

Te podría contar muchas más cosas. Por ejemplo, que es una bodega urbana, situada en un edificio de tres plantas en el centro de Tías; si el tema de espacio ya es un problema para cualquier bodega de Lanzarote, aquí es todo un reto que han superado con una creatividad admirable. Podría hablarte durante horas de sus vinos y podría también contarte sus novedades, pero no lo voy a hacer, porque prefiero que lo hagan ellos. Pásate por allí si estás cerquita, o pídelos por la web. Y luego, por favor, me lo cuentas.