La vendimia verdinegra I

Malvasía, un poco verde aún, de 2018

Vale, no es tiempo de vendimia, pero quiero hablar de ello porque este es el primer año, desde que llegué a la isla en 2014, en el que no he estado implicada en modo alguno y, haciendo un poco de repaso del año, me doy cuenta de que la echo de menos. No he trabajado en otras bodegas que no sean Vega de Yuco, así que os voy a contar lo que se hace allí (o al menos se hacía) y la emoción con la que yo lo he vivido siempre.

Dicen que la de Lanzarote es la vendimia más temprana de Europa y es verdad, suponiendo que se nos considere dentro de Europa, claro, porque esta tierra tiene pinta de todo menos de europea.. Se suele empezar a mitad de julio o principios de agosto, cuando esté lista La Jefaza (la Malvasía, que es siempre la que inaugura la temporada), pero desde el envero, que viene a caer más o menos por San Juan, los viticultores empiezan a llamar a las bodegas, para que el equipo técnico pase por las fincas a medir los parámetros de sus uvas y puedan cortar cuanto antes. ¿Y qué se mide? – te estarás preguntando – pues el grado de azúcar de la pulpa, la acidez, el tamaño del grano.. Dependiendo del resultado que quieran conseguir, los enólogos y enólogas mandan cortar antes o después. Hacer vino, según lo percibo, es como cocinar: si te gusta la pasta al dente, cortas la cocción antes y si la prefieres blandita, la dejas un ratito más. Del mismo modo, el vino tendrá un sabor diferente si la uva está más o menos madura.

El caso es que las uvas van madurando su ritmo, no al nuestro, y los viticultores quieren cortarlas cuanto antes para evitar la calima, las plagas y cualquier cosa que les pueda fastidiar la cosecha. Por eso llaman desde bien pronto a las bodegas. Y no es sólo uno, ni dos, ni diez! Entonces estaría chupado, querida. El tema es que una bodega grande puede llegar a recibir uva de más de doscientos viticultores, de manera que el teléfono no para ni un segundo.

Los días previos a la entrada de uva son un hervidero, porque hay problemas adicionales que hay que ir solventando. Uno de ellos es EL ESPACIO. Te hablo del caso de Yuco, que es el que más conozco, pero es similar en casi todas. Casi toda la zona destinada al vino en Lanzarote es un espacio protegido en el que no se puede construir más de lo que ya existe. Hasta ahí todo bien, el paisaje es tan especial porque no hay edificios que lo afeen, sino que la protagonista es la original orografía isleña. Pero ahora piensa que eres propietaria de una bodega; hace 20 ó 30 años empezaste con un negocio pequeño en un pequeño espacio, pero el vino es ahora un producto muy cotizado y tú lo haces genial, así que tu producción se ha multiplicado por 7. ¡Ole por ti! Tu vino es excelente, cada año compras más uva y produces (si la cosecha es buena) un poco más. Todo ha crecido menos las instalaciones, porque en ese bendito espacio en el que te encuentras NO SE PUEDE CONSTRUIR. Eso significa que antes de la vendimia toca jugar al Tetris: la cámara frigorífica de la uva, que tras la vendimia anterior se llenó de depósitos de vino, tiene que quedar despejada para la nueva cosecha, así que toca buscar un huequito para esos depósitos, ahora vacíos. Además, hay que sacar las mesas de selección de la uva, la estrujadora, las prensas, la despalilladora, la pesa de la uva y mil cosas mas. Y por supuesto, vender el vino que ya está embotellado para dejar espacio al que queda por embotellar… y que hay que embotellar antes de la vendimia para dejar depósitos libres para el vino nuevo… UN FOLLÓN, vaya.

Al fin llega un momento en el que todo está listo: la cámara despejada, los depósitos vacíos y limpitos para recibir los nuevos mostos, la maquinaria engrasada, la primera uva lista… y entonces se da luz verde a los primeros viticultores y comienza la etapa clave para cualquier bodega: LA ENTRADA DE UVA. Pero eso, amiga, te lo cuento en otra entrada.

La Malquerida Listán Negro

Me hierve la sangre cada vez que escucho a alguien decir que los tintos de Lanzarote no son buenos, que son caros, que donde se ponga un Rioja…

Blablablablablablablaaaaa…

No pocas veces oigo esos comentarios de personas que ni siquiera son expertas, pero les gusta sentar cátedra, sin criterio alguno y lanzando su opinión como si fuera la única válida.

Estas personas no se dan cuenta del daño que hacen a la economía local, por no mencionar que FALTAN A LA VERDAD.

¡Por supuesto que los tintos de Lanzarote son diferentes!

Por suerte, son MUY DIFERENTES.

El 75% de los cultivos dedicados al vino a nivel mundial están ocupados por 10 ó 12 variedades de uva. El otro 25% lo componen variedades minoritarias de aquí y allá, cada una con sus particularidades. En este cachito de tierra tenemos una variedad MUY ESPECIAL, la LISTÁN NEGRO, que posee unas características únicas. Aprovéchala, querida, porque es un sabor del que no vas a poder disfrutar en ninguna otra parte del mundo.

Te cuento cómo llegó hasta aquí:

Hasta el S.XVIII, la mayor parte de los vinos producidos en el archipiélago eran de uva blanca. Anteriormente, la Malvasía había sido la reina de la fiesta, pero en esto del vino todo va por modas, así que el auge del comercio con Portugal hizo que se popularizaran el Madeira y el Oporto, dejando a un lado a los vinos canarios.

Los tinerfeños, que son muy cucos, empezaron a producir una especie de «Falso Madeira», una mezcla de blanco local con aguardiente y vino tinto peninsular, que parece que entraba muy bien a los ingleses, su principal mercado. Así fueron escapando, hasta que a alguien se le encendió la luz y pensó: «¿Y si hacemos nuestro propio tinto y con lo que ahorremos nos vamos de vacaciones?» (vale, no fue exactamente así, pero algo parecido seguro).

Así que se pusieron manos a la obra, trajeron de la península parritas de uva tinta y así llegaron los tintos a Canarias.

Nuestra Malquerida Listán Negro vino de Andalucía, donde aún sigue viviendo su prima de Sanlúcar de Barrameda, la Listán Prieto. Las dos Listán, como miembros de la misma familia, tienen características comunes, pero han evolucionado de manera diferente debido, sobre todo, al terreno y al clima.

En Tenerife, poco a poco, los tintos comenzaron a desbancar a los blancos, y hoy en día nuestra Listán es una de las principales variedades utilizadas en la isla.

De Sanlúcar a Tenerife y de ahí a Lanzarote, ese fue el viaje que realizó nuestra viajera amiga.

Pobrecilla, al principio no la usaron más que para dar color a los blancos porque, así pensaban los lugareños, ayudaba a conservarlos.

Después se intentó darle más protagonismo y elaborar tintos, pero durante muchos años no hubo manera.

El motivo: a los productores locales les ocurría lo mismito que a los «críticos» de los que hablaba al principio de mi relato, es decir, pensaban que todos los vinos se tienen que parecer, más o menos, a los de La Rioja.

¡Tremendo error!

Cogían la delicada listán y la trataban como a la riojana tempranillo, metiéndola en barricas de roble durante largas temporadas y estrujándola y macerándola al máximo para sacarle unos taninos y un color imposible en nuestra amiga.

Maltratándola, vaya, para obligarla a ser algo que no era.

Y claro, con este tratamiento salvaje, los tintos conejeros cogieron (y con razón) fama de rasposos, astringentes y aptos sólo para paladares poco refinados.

Llegando al final del S.XX (anteayer, como quien dice, que servidora ya había nacido..) se empezó a dar a la Listán Negro el trato que se merecía.

Poco a poco, se consiguió vendimiar en el punto justo de maduración, para que la uva estuviera sabrosa pero sin perder color; se empezó a macerar sin afán de darle un color excesivo y se comenzaron a apreciar los aromas y sabores a frutos rojos que tanto la caracterizan.

Hoy en día tenemos unos vinos particulares, especiales, únicos.

Frescos, ideales para este bendito clima primaveral que tenemos en Canarias.

Si vienes por aquí, amiga, no te dejes engañar por críticos de pacotilla. Déjate llevar por la tierra en la que estás y disfruta de un buen vino.

Y si tienes dudas, pregúntame y te cuento más.

De cómo llegó el vino a Lanzarote

La primera vez que vine a Lanzarote me quedé en shock:

¡¡Piedras, piedras y más piedras!!

De todos los colores: negras, rojas moradas, cubiertas de líquenes verdes en muchas zonas…

Mezcladas con una tierra amarilla o roja, dependiendo de la zona..

Un DESIERTO DE COLORES, vaya.

Más atónita me quedé cuando visité La Geria: ¡Plantas creciendo directamente en la piedra!

Me maravilló que la vida se abriera paso de esa manera tan fascinante.

– ES UN MILAGRO – pensé.

Y no lo digo por decir.

Me emociono (con carnecita de gallina) cada vez que lo explico a turistas o amigos, y eso que lo he estado haciendo durante años.

Pues resulta que no es un milagro, sino el resultado de una combinación increíble entre naturaleza y trabajo manual.

Te cuento:

Los primeros españoles comenzaron a establecerse en Lanzarote a principios de S.XV.

Como todas sabemos, a los españoles nos encanta el vino, así que desde su llegada, los visitantes trajeron sus parritas para intentar producir su propio vino.

Esto fue posible en otras islas, pero Lanzarote no reunía las condiciones adecuadas para el cultivo de la vid, así que se dedicaron a otro tipo de plantas y, hasta las erupciones de Timanfaya (duraron 6 años, de 1730 a 1736, que se dice pronto) la zona de La Geria estaba ocupada por campos de cereales.

Imagina las caras de los lugareños cuando, de repente, la tierra se abrió y comenzó a escupir fuego y lava.

¡DESASTRE TOTAL!

Un tercio de la isla quedó cubierto de lava volcánica en la que (aún hoy en día) no se puede hacer ¡prácticamente nada!

Lanzarote, que ya era pobre, se volvió paupérrima… buena parte de la población emigró y, los que quedaron, las pasaban canutas para tener algo que llevarse a la boca.

El mar de lava

Dicen que Dios aprieta pero no ahoga y, en el caso de Lanzarote, así sucedió.

Resulta que, junto con la lava, los volcanes vomitaron toneladas de LAPILLI, que no es otra cosa que ceniza volcánica.

En Canarias, que saben mucho de volcanes, la llaman picón, y en Lanzarote se le conoce como ROFE. Quédate con esa palabra, porque es la clave del cultivo de la isla.

El rofe cubrió la tierra fértil (MUY FÉRTIL, he de decir) alcanzando un grosor de hasta 3m en la zona más próxima a los volcanes.

Este «desastre» resultó tan útil a la larga, que se empezó a aplicar para todo tipo de cultivos, entre ellos EL VINO, porque tiene un montón de ventajas.

Por ejemplo:

  • Recoge la humedad del aire y la retiene, es decir, funciona como una tapadera para que no se evapore
  • Aporta numerosos minerales al agua en su paso
  • Evita la erosión
  • Como es negro, absorbe la luz y da calorcito a las parras, lo que les encanta
  • Protege de enfermedades

Si pudiéramos cortar un pedazo de tierra y ver lo que hay dentro, lo que veríamos sería más o menos esto:

Parece magia, ¿eh?

Pues no.

Más bien es el resultado del trabajazo que se pegaron los campesinos de la época (y que a día de hoy se siguen pegando los viticultores de Lanzarote) excavando hoyos en el picón, haciendo muritos de piedra volcánica y mimando cada parra para que produzca una uva de excelente calidad.

Los vinos que consiguieron esos agricultores pioneros no eran, ni de lejos, lo que son los vinazos locales que disfrutamos hoy en día.

Toda elaboración tiene un proceso de mejora, y el de estos vinos ha ido cambiando con los años.

Pero eso, amigas, es otra historia